EL KARATE Y LA FABULA DEL ELEFANTE

Años atrás, cuando estaba aprendiendo inglés, conocí a un señor que nunca olvidaré. En el curso de nuestra dificultosa conversación, pude a entender que aquel hombre era un profesor. Desgraciadamente no podía entender, ni retener, el nombre de la asignatura que enseñaba, aunque lo reiteró varias veces. Todavía recuerdo la decepción de aquel hombre cuando le confesé que nunca había oído de su campo de especialización.

Algún tiempo más tarde, en un torneo de karate que yo dirigía, aquel mismo señor apareció ante mí y me llamó mentiroso. Imaginen mi sorpresa al descubrir que aquel hombre también era un profesor de karate.

El malentendido había ocurrido a causa de su pronunciación de la palabra "karate". Si mal no recuerdo, había dicho algo parecido a "quarahdi".

Ciertamente era comprensible, y no podía reprocharle, que me llamara mentiroso.

Debió haber creído que yo fingía deliberadamente ignorancia, cuando la verdad era que, en aquella primera reunión, simplemente no podíamos comunicarnos, en un tema del que ambos éramos conocedores, a causa de mi pobre conocimiento del idioma inglés.

Esta falta de comprensión entre dos personas que tienen un interés común realmente descorazona, especialmente cuando ocurre entre profesores de karate.

Todos decimos enseñar el verdadero karate, pero es muy difícil encontrar dos profesores que definan este Arte de la misma manera.

Para algunas personas karate es combate. Para otros es principalmente una exhibición. Para muchos se aproxima a una religión; también puede ser una forma de lograr una muy buena aptitud física; un deporte; un sistema de defensa personal; una filosofía de vida y una docena de otros posibles puntos de vista.

Ciertamente, no me siento culpable de esta tendencia a sentir como verdadera mi propia definición del karate.

Recuerdo un episodio que ocurrió en otra escuela. Varios de mis alumnos, quienes habían visto un raro ejercicio ejecutado por los alumnos de aquella escuela, empezaron a mover sus cabezas y a sonreír con sarcasmo. Cuando me disponía a amonestarlos por su falta de cortesía, pude verme en un espejo.

Llevaba la misma obvia y fea sonrisa.

Hay una fábula acerca de varios hombres ciegos quienes nunca habían visto un elefante. Un día, los hombres tuvieron la oportunidad de tocar uno en espera de descubrir como era.

Después, cuando se reunieron a discutir la experiencia, una gran discusión estalló. Uno dijo que el elefante era como un látigo de lana. Otro dijo que era como un gran  árbol. Otro pensaba que el elefante era como un áspero techo.

De cualquier modo que se elija definirlo, el Arte del karate tiene muchas dimensiones. Es a la vez mental y físico; artístico y grotesco; práctico (de defensa personal) y no práctico (deporte); violento y gracioso; abstracto y concreto; científico y animista; real y metafísico.

¿Contradicciones irreconciliables?

Yo no lo creo así.

¿Puede alguien realmente culpar al hombre ciego que percibió al elefante como un látigo de lana?

¿La cola que palpó era ciertamente una parte esencial del elefante. Pero cómo podría convencer a los otros, quienes sintieron la barriga o la pata del elefante?

Probablemente, acabaría confundiéndose y confundiendo a los demás.

¿Quién puede decir cual de aquellos hombres ciegos se acercó a conocer cómo es realmente un elefante?

¡Yo no!

Como cada uno de los hombres ciegos, mi definición del karate es subjetiva y necesariamente incompleta. El Karate está en constante cambio. Es practicado por personas diferentes en diferentes lugares y tiempos. Pero más allá de los continuos cambios el Karate sigue siendo un Arte, siendo éste su rasgo más característico. El Karate es una respuesta para todo, y por ello ningún hombre por si solo puede comprender todo lo que el Karate es.

NOTA

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Este artículo está inspirado en el libro "La Historia del Karate Goju Ryu" de Gosei Yamaguchi.

 

FERNANDO PRIETO
6to. DAN KEN SHIN RYU - TOKU IN KAN
6to. DAN GOJU RYU - JKF GOJU KAI
PRESIDENTE DE JKF GOJU KAI - URUGUAY